lunes, 1 de septiembre de 2008

Desde otra óptica se puede entender el texto fragmentario como el evento singular o acontecimiento concreto que introduce desorden y azar en el orden predeterminado de los sistemas teóricos. Algo así como el accidente o choque dialéctico que desencadena nuevas ideas u observaciones, estableciendo una retroalimentación entre ambos planos e instancias. Frente al tradicional isomorfismo de ser y pensar, el aforismo es el punto de fuga de una reflexión autónoma, incluso deliberadamente ficcionalista. Es lo no clasificable, el símbolo, la metáfora o la imagen, el suceso puntual y certero que tensa y trastorna el cosmos de los grandes textos, pero también los regenera y enriquece. En definitiva, el texto como microcosmos y mónada, como novedad impredecible, como pensamiento libre y aventurero, nómada... que complementa, en el mismo acto en que lo desmiente, al sistema.

Espinosa Rubio, Luciano: “Pensamiento y fragmento. A propósito de Lichtenberg, Nietzsche y Adorno”. Isegoría: Revista de filosofía moral y política.

5 comentarios:

José Ángel García Caballero dijo...

interesante texto, ana, siempre abriendo espacios de mirada y reflexión,
besos

Juan Manuel Macías dijo...

Bueno, otra vez de mudanza... Me alegra que vuelvas.

Luna Miguel dijo...

nos reducimos a fragmentos...

Diego Román Martínez dijo...

El texto es comentable. Quiero decir, que por fin puedo dejar un comentario: bienvenida. Un abrazo.

Nicho dijo...

Si no entiendo mal, parte de una idea que no comparto: separar ficción y no ficción (me pasa lo mismo con la distinción entre lo público y lo privado, reconozco que puede ser muy útil, siempre y cuando se acepte que es una clasificación, una ficción/no ficción).

Con perdón/sin perdón.