sábado, 10 de diciembre de 2011

JOHN MARTIN






Las objeciones a la máscara cómica –a la expresión irresponsable, total, extrema de cada momento- cortan las raíces de toda expresión. Sígase por ese camino y en seguida se elimina el gesto: no hemos de señalar, no hemos de hacer pucheros, no hemos de gritar, no hemos de reír en alto; no sólo hemos de evitar llamar la atención sino que nuestra atención no ha de ser, obviamente, llamada: es tontería mirar, dice la institutriz, y es de mala educación ser curioso. Las palabras actuales quedarán, también, reducidas a un código telegráfico. Alguien en su propio país hablará como el lacónico turista en el extranjero, su vocabulario será ou? Combien? Todo recto! Disculpe! La conversación en la tranquilidad del hogar prescindirá incluso de esas frases, nada hará falta salvo escasos gruñidos pragmáticos y señales para la acción. Donde desaparece el espíritu de la comedia, la sociedad se vuelve cohibida, la reserva se come el espíritu y la gente cae en una miserable melancolía por el escrúpulo de ser siempre exacto, sano y razonable; de no afligirse nunca, de no brillar nunca, de no mostrar nunca una pasión o una debilidad, de no atreverse nunca a revelar un pensamiento que no vaya a ser para siempre.
George Santayana.

1 comentario:

Idus_druida dijo...

Donde desaparece el espíritu de la comedia, la sociedad se vuelve cohibida. Esto es cierto.
Pero mejor no tener hambre ni desesperación.
Una buena reflexión. Un saludo.