transplantando
al jardín interior,
una a una,
sus hojas desprendidas.
La savia manaba vertical
en el desnudo,
y el borrado era un lienzo
de hilo, de tacto suavísimo
y color amalgamado.
Fue escarbando sin rabia
en la tierra humedecida,
introduciendo sus pies
de niño dormido
en el descanso.
Sentada sobre
el mantillo,
siendo líquido,
vaho, olor
vegetal,
fue en la quietud
el crecimiento,
sin flanco derecho
ni ojo izquierdo,
sin fugas
ni contornos.
Esther Ramón
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| Paul Serusier |

1 comentario:
Agradable el leerte.
Un saludo.
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