Mis numerosos vecinos de apartamento comienzan a mirarme con desdén. Casi con suspicacia. Después de que me dieran una condecoración, se pusieron a escudriñar mi habitación. Saben por los diarios que las personas condecoradas tienen derecho a un apartamento, etc. Si sigo en esta habitación, es que hay algo que va mal. Los inquilinos de nuestro apartamento cambian lentamente, más lentamente de lo necesario. Todos prefieren permanecer ocultos tras sus máscaras, y sus máscaras no son excepcionales. Sin ellas, ganarían.
La peor de las verdades sigue siendo la verdad.
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No trabajo por dinero. Es lo que tienen que entender. Si trabajara por dinero, no ganaría un promedio inferior al de todos los demás realizadores. Menos, quizás, que muchos montadores. Para mí, el filme que produzco es mi hijo. Sólo una madre puede sufrir y preocuparse por la salud y la suerte de su hijo.
Dziga Vertov
Memorias de un cineasta bolchevique
Memorias de un cineasta bolchevique
2 comentarios:
Si escribes tú, es más genial.
Un abrazo.
¡es Vertov!
La moradora de este blog es tímida.
Con localizar, seleccionar y componer hay más suficiente (que diría Vertov)para decir
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