viernes, 13 de abril de 2012


¿Las oyes cómo piden realidades?
Pedro Salinas.

Alistair Grant


Nacido entre horizontes malvas
y afilados tan contemporáneos, pienso yo,
reclinado sobre ésta lágrima de papel aún no escrita,
quieto de mí, lazado al mástil del vivir que sueñas,
en la absurda levedad sostenida por el mundo.
Mundo sin alas de céfiro, tensado, no de piedra. Mas
un espacio que se ama la tristeza
aviva voces, lastima el verbo, construye
un tiempo enlevitado antes de rutina. Y sólo tú
o los labios cruzados saben qué se engarza al instante divino.
Luces de perdones y varices nos emigran. Lloramos
y vivimos, y mesamos las horas como si de la última
luz negra se tratase. Pero hay que fingir, abandonarse,
desoír la caída en vuelo fúnebre de los cormoranes
latentes, salvajes de un sólo cielo, titanes
que un sólo grito, deletéreo, se pensó útil en la distancia
pulcra de dos meridianos extintos. Es el ámbito
al vacío un tacto emético, desinteresado de sí que late.
Si cambiaran las estrellas el sonido de sus cuerpos
cuando arden, su tan áspera veste en movimiento
esculpiría, en esta esfera de gas y dulce muerte,
nuestra voz con circonita. Algo como tú, luna
joven siempre tímida, de esperanza más que lenta,
célica y mortal; vivaz escarcha
que se ata palpitante a un tiempo ido
vuelves arrinconada de luz como bella prófuga
y descubres en lo callante
las huellas estimulantes de lo no pisado.
J. M. Banús.

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