viernes, 9 de noviembre de 2012

Robert Fulton Taner

¡Si un hombre pudiera morder la mano gigante
que le atrapa y destruye,
como me mordió a mí aquella rata
cuando hacía una demostración de mi trampa patentada
un día en la ferretería!
Pero un hombre jamás puede tomar venganza
del monstruoso ogro Vida.
Entras en la habitación, que es el nacer,
y no te queda otra que vivir, partirte el alma trabajando.
¡Ajá! Tienes a tiro el cebo que ansías:
una mujer rica con la que casarte,
prestigio, posición y poder en este mundo.
Pero hay obstáculos que vencer, cosas que hacer:
los alambres que rodean el cebo.
Por fin logras entrar, y entonces oyes unos pasos:
Vida, el ogro, entra en la habitación
(te estaba esperando y oyó saltar el muelle)
para verte roer el delicioso queso
clavándote sus ojos de fuego
con muecas y risas, burlas y maldiciones,
mientras tú corres de una esquina a otra en la trampa,
hasta que se harta de tu sufrimiento.
Edgard Lee Master
Tr. de Jaime  Priede


Ana Juan Blancanieves

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