CONTRAMADRES
(I)
PARA HACER UNA MEDEA
Él se fue, los dejó y los olvidará.
Soy plaga en el pobrerío, ellos conocen mi olor.
Pero acá disfruto cómo la mosca se esfuerza por entrar.
Finalmente, las palabras grafitis trazarán el final del camino.
Voy por la nueva Medea, la de la carne enceguecida, para la que el deseo de posesión es el dolor.
A todo esto precede un cielo borravino
Una noche cargada con palabras púrpuras que gravitan en la pared del dormitorio y se unen como falsos testigos en la historia.
Ya del otro lado de la pared está la contramadre. El niño está despierto porque debe ser así, debe ver y oler a la bestia cuando las manos de acunar tuerzan aprieten arrastren hasta el fondo y sostengan al gorrioncito en la flotación
Geraldine Palavecino

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