lunes, 17 de diciembre de 2012

    Frentea una crítica como tecnología aislable —expresión tomada de Terry Eagleton— la crítica laconcebiremos aquí, a falta de una expresión mejor, como un dispositivo mediador. Sin embargo, al instante surgeuna cuestión ineludible: ¿hacia dónde apunta esa mediación? ¿Cómo reconfigurar un conceptomanoseado como el de mediación? En la lectura aquí propuesta ese carácter mediador no pretende dibujarse comodispositivo conciliador entre dos mundos. No es un mediador cariñoso ycomplaciente esta crítica. No se trata ni mucho menos de llegar a consensos,sino todo lo contrario: establecer disensos. En el primero de los casos, en esamediación entendida como consenso, se presupone ya un destinatario con el que seva a estar de acuerdo y por tanto concibe el ejercicio mismo de la crítica como un ethos aislable, donde el carácter delcrítico se antepone al acto de la crítica. El modo en el que el crítico seexpresa parece más importante —tanto para el autor como para el receptor— quelo que el crítico realmente desarrolla. He ahí una mediación como consenso, como tecnología aislable, fácilmenteidentificable. Por el contrario, la mediación tal y como aquí la tomamosadquiere un sentido radicalmente distinto, pero sobre todo variable. Mediadordesigna en estas páginas la posibilidad de colocarse entre las diversas realidades por lasque se diluye su trabajo. Mediador significa ser capaz de situarseconflictivamente entre tres territorios: lo criticado, el lenguaje y eldestinatario, sin olvidar el fondo del escenario: el espacio social y políticosobre el que esas realidades se asientan. Desde este conflicto trata de crearuna nueva vía de lectura, o cuestionar las lecturas ya dadas o implementar lasya leídas. Mediar implica abrir grietas no conciliar. Mediar, como apuntaseFoucault, delata un deseo “de no ser gobernado”. La crítica en este sentidodebería dejar de lado su obsesión por convertirse en dispositivo moral, un dispositivo —en las antípodasdel dispositivo mediador— cuyo sentido había heredado de la academia, un dispositivofundado en el yo gobierno. Este dispositivo moral consistía —en líneas generales—en juzgar en base a criterios tales como bueno/malo sosteniendo, como un principioincuestionable, la existencia de criterios objetivos fundados sobre dos piezas:la calidad y la forma (lentos fantasmas que condicionaban todo ejercicio crítico).Este dispositivo moral funcionaba —y funciona de nuevo— del siguiente modo:construye una norma previa (presuntamente incuestionable) sobre la que debe ajustarsela realidad, es decir, vive sobre la idea de que la crítica tiene un lenguajepropio, con sus normas y criterios, principios y esquemas. En el marco de estacrítica (heredada) como dispositivo moral la obra o el texto no es el punto departida sino que el origen de la crítica sería algo externo, algo así como unaidea previa y determinada de lo que es/debe ser una obra o un texto. Un juiciodeterminante (por usar jerga kantiana) que lleva las riendas de este sistema crítico,donde la propia preconcepción de lo bueno y lo malo obtura toda posible salidainterpretativa. Para la crítica como dispositivo moral (catequista) la únicafunción del crítico es la de saber distinguir, como un sumiller, los libros (olas obras) “buenos” de los “malos”, lo cual presupone una concepción de bondado maldad ajena al propio texto/obra. Frente a este dispositivo moral la crítica que nos interesa, y quetratamos de desarrollar, tiende a cuestionar el pacto que se encuentra detrásde esta idea moral. Expulsar la idea de bondad o maldad de la crítica sería unbuen principio. Adorno alertaba de ello: “Cuando en su mercadillo de la confusión —el arte— los críticos llegan a no entender una palabra de lo que juzgan y se rebajangustosamente de nuevo a la categoría de propagandistas o censores, se consumaen ellos la inicial insinceridad de su industria”. La censura moral,   fundada en ese espíritu de nuevo catequista, sería laforma de retirada explícita de la capacidad crítica. Lo que no quiere decir quela crítica abandone su posición, al contrario. El hecho de eliminar elpostulado moral en el acto crítico lleva el ejercicio critico a su estado másradical: la posibilidad de un encuentro con la obra criticada que elimina delhorizonte (o del atrezzo) el presupuesto que exige un juicio cerrado y total.Fuera de esa dicotomía bueno/malo la obra puede abrirse y cuestionarse sobreotros horizontes. Frente a una crítica como tecnología aislable la crítica comotecnología intoxicada. ¿Es necesario ese espíritu catequista?
 
Alberto Santamaría

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