qué árboles tan mansos van quedando
atrás
son como el mío
que lame con las hojas el polvo en los cristales
de mi casa y no ve más de lo que ven
mis ojos
ni es más sabio
aun siendo más sereno. Los que han sido domados
no tienen corazón ni necesitan
órganos que se muevan y los nutran
son humanos ya, si ser humanos
es pensar y haber pactado con el polvo
como extremo único en fines y en raíces.
No lo dejé atrás en busca
de pureza: de afán de cosas nuevas
no pueden acusarme. La historia desconfía, pero juega
cada vez más cerca. Quedaban junto a él
un barro menos viejo,
la música. La ardilla sobrevive si acumula
bastantes nimiedades.
No sé lo que buscaba. Describir cosas
vivas no es cantar a la vida
ni es cantar a las cosas. Bajo las ramas
la vida es razón sólo de sí misma
la diferencia entre el vivo y el sumiso
aquí tiene importancia. Los sientan separados a la mesa
sus corazones usan nombres diferentes.
No buscaba pureza, pero es cierto
que no hacer comparaciones se parece
a estar vacía.
Qué árboles tan míos reconozco
no son sabios, no quieren
ser severos. En el cristal
de las hojas no nacidas late aquello
que entienden por pensar, por huir del polvo
Ruth Miguel Franco
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| Pierre Bonnard |

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