Uvas de Playa
Los clásicos pueden consolar. Pero no lo suficiente.
Aquella vela que se inclina en la luz,
hastiada de islas,
goleta que se bambolea en el Caribe
en busca de su hogar, podría ser Ulises,
dirigiéndose a casa a través del Egeo;
ese padre y esposo
anhelante, bajo ramas de uvas amargas, es
como el adúltero que oye el nombre de Nausícaa
en cada grito de gaviota.
Esto no trae paz a nadie. La antigua guerra
entre obsesión y responsabilidad
nunca acaba y ha de ser la misma
para el marinero o para aquel en tierra
que ahora sacude sus sandalias para retornar a casa,
ya que Troya exhaló su última llama,
y de la roca que el ciego ciclope lanzó al mar
surgen los grandes hexámetros
que concluyen en la espuma de la ola agonizante.

1 comentario:
Un gusto pasar por aquí.
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