domingo, 5 de agosto de 2012

Duchamp jugando al ajedrez



En efecto, a diferencia del pasado, se ha ido estableciendo un acuerdo entre la institución y el artista mediático transgresor, en perjuicio del tercer término del “juego del arte contemporáneo”, el público; es decir, mientras en el pasado la institución compartía el punto de vista del público y condenaba las operaciones transgresoras de la vanguardia, hoy, en cambio la institución cree más conveniente sustentar y favorecer al artista transgresor porque el escándalo recaba un beneficio en términos de publicidad y de resonancia mediática, que es mucho mayor del que se podría obtener de la adhesión a los gustos tradicionales del público. De este modo, ha nacido un arte de vanguardia en contacto directo con las instituciones que ha logrado alcanzar, algunas veces, cuotas de mercado más altas que el que se sustenta en las galerías privadas y en el coleccionismo, ¡el comitente privilegiado por el nuevo artista transgresor ya no es el marchante o el coleccionista (como en el paradigma moderno) sino la propia institución¡ . La ruptura entre innovación artística y público se ha acrecentado enormemente hasta llegar a convertirse en una verdadera y auténtica disensión irresoluble; el público podría compararse al espectador de una partida de ajedrez que ignora completamente las reglas del juego: ve dos personas que mueven, alternativamente, estatuillas colocadas sobre una cuadrícula. Sin embargo, al mismo tiempo, la aceptación por parte de la institución anula el efecto transgresor de la innovación artística y transforma todo el sistema del arte en un juego para iniciados del que – como observa justamente Nathalie Heinich-, ¡están ausentes aquellos que aún podrían inquietarse!
Mario Perniola

Arthur Rimbaud en Nueva YorkDavid Wojnarowicz



1 comentario:

Ángel Muñoz dijo...

Duchamp y Rimbaud dos genios fabulosos para esta interesante entrada señorita Gorría.