En la soledad de la ciudad industrial superpoblada, el verso escrito se
desembaraza de las pervivencias de la métrica antigua y de la rima
favorable al canto. Su nueva libertad se mide no sólo en relación con
los recursos rítmicos —los pies— y con las formas estróficas
recurrentes que comparte con el canto y con la danza, sino también con
respecto a los significados habituales de las palabras. Al asociarlas
según leyes no explícitas, evoluciona hacia un espacio situado más allá
del lenguaje común y de la música conocida. Sin embargo, los poetas se
obstinan en tender el oído hacia el horizonte de un improbable
auditorio, como si estuviese a punto de producirse una consonancia
inaudita, como si el canto comunitario debiera regenerarse en el extremo
mismo de su imposibilidad. El verso libre busca su objeto más allá de
sí mismo, arrastra el pensamiento a una danza de figuras no ensayadas. SANTIAGO AUSERÓN

2 comentarios:
Extraordinaria reflexión. El poeta es un filtro", pero claro, eso es una música inaprensible. Santiago escribe increíblemente bien e inteligentemente.
Gracias Ana. Como siempre, eres una anfitriona de textos que da gusto...
Preciosa reflexión que nos traes Ana. Un beso.
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