sábado, 18 de agosto de 2012


En la soledad de la ciudad industrial superpoblada, el verso escrito se desembaraza de las pervivencias de la métrica antigua y de la rima favorable al canto. Su nueva libertad se mide no sólo en relación con los recursos rítmicos —los pies— y con las formas estróficas recurrentes que comparte con el canto y con la danza, sino también con respecto a los significados habituales de las palabras. Al asociarlas según leyes no explícitas, evoluciona hacia un espacio situado más allá del lenguaje común y de la música conocida. Sin embargo, los poetas se obstinan en tender el oído hacia el horizonte de un improbable auditorio, como si estuviese a punto de producirse una consonancia inaudita, como si el canto comunitario debiera regenerarse en el extremo mismo de su imposibilidad. El verso libre busca su objeto más allá de sí mismo, arrastra el pensamiento a una danza de figuras no ensayadas. SANTIAGO AUSERÓN


Ernesto Chacón Oribe, Jack Syzard y Wanda Ramírez 




2 comentarios:

Anónimo dijo...

Extraordinaria reflexión. El poeta es un filtro", pero claro, eso es una música inaprensible. Santiago escribe increíblemente bien e inteligentemente.

Gracias Ana. Como siempre, eres una anfitriona de textos que da gusto...

Ángel Muñoz dijo...

Preciosa reflexión que nos traes Ana. Un beso.