martes, 26 de febrero de 2013




Dime si hay despertar más terrible

que el de quien al alba se encamina tras la memoria;

cuando paseábamos por las calles abrazados,

sin inquietarnos, y esos largos besos

en una calle desierta rodeados por el brillo del mediodía

eran nuestro gran emblema de complicidad.

Pero triste es saber ya pasados esos días de placer

y ahora, desandando, reconocer estos lugares

apenas como el decorado de una despedida.




José Carlos Irigoyen
Dug Dobois

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