miércoles, 31 de diciembre de 2014

Tierra de archipiélagos


No el vinagre. No el ácido. No
la caña de azúcar presionada en el mortero por
el puño. Pero la sal: la sal, el sabor casero; la sal,
la marea; la  sal, la sangre. No el Espíritu

Santo, pero un santo de coral cobra
vida por la noche  mientras atraviesa
 un campo de zarzas y espinas, los campamentos
de piratas que baten de nuevo la bahía

con avispas. No el Santo Niño.
Y no un cinturón de tormentas, pero esto:
las muchachas que cantan, un aguacate
en cada palma abierta, al cortejar las palomas;

una polilla arrastrada por la luz de nuestra

habitación que tomas para ser su padre.

R. A. Villanueva




Shomei Tomatsu

1 comentario:

Vladimir García Morales dijo...

El poema, por supuesto, habla del Espíritu Santo y del Santo Niño aunque diga explícitamente que no.

Porque está escrito con gracia y la gracia. ¿De dónde la recibe?

Mi aventura con la poesía en general ha sido llegar a amar estas contra-dicciones.

Cada vez me doy más cuenta de que yo he aprendido a leer muy muy tarde. Bueno está.